Reivindica tus derechos de imagen

No, amigos. No me he vuelto loco ni tengo delirios de grandeza. Tampoco voy a hablar del cobro por derechos de imagen que perciben los afortunados ejercitadores de algunas profesiones de gran impacto público como puedan ser futbolistas de Primera División o estrellas de cine. Voy a hablar del derecho a la intimidad tuyo y mío, de personas como nosotros, que nos podemos incluir dentro de lo que se puede llamar "normal" (si es que eso existe, ya que afortunadamente existe una enorme diversidad en el ser humano) o, al menos, personas que no tenemos una profesión o estatus social que nos haga conocidos ni reconocibles en un ámbito amplio (vamos, sin más rodeos, que no somos famosos en el sentido de aparecer en televisión o en las revistas deportivas y del corazón). Tampoco voy a hablar de las cámaras de vigilancia que nuestros gobiernos instalan en zonas conflictivas o el transporte público. En mi opinión, siempre que no se abuse de ello ni se obtengan rendimientos oscuros no relacionados con la prevención del delito, esta práctica puede ser beneficiosa para todos.

Hace muchos años, hacia mediados de los años 80, el poseer una cámara de vídeo era un lujo que muy pocos se podían permitir. En 1985 creo recordar que la videocámara casera más barata del mercado costaba entorno a las 200.000 pesetas, 1.200 euros al cambio, aunque es evidente que ésto era aún más dinero en esa época que ahora. Comprarla podía suponer con un sueldo medio gastarse los honorarios de tres meses. Debido a esta circunstancia, muy pocos se lo podían permitir o bien muy pocos estaban dispuestos a sacrificarse para poder pagar este capricho. Antes de la década de 1980 se podían comprar cámaras de celuloide, lo que llamaba "tomavistas", pero el gran coste de revelado de los enormes carretes necesarios para alimentar estas cámaras las hacían poco accesibles.

Hoy día las cosas han cambiado mucho. Hace cuatro o cinco años las videocámaras bajaron sus precios espectacularmente.  Ya se podía adquirir una digital mucho más pequeña y manejable por apenas 400 euros. Quizá un poco caro todavía pero por fin accesible a casi cualquier bolsillo con solo ahorrar un poco. Este último año los precios son aún más bajos, equiparándose a los de las cámaras de fotos digitales. Ahora por 200 euros se puede adquirir una buena cámara de vídeo.

Pero esta bajada de precios y, en consecuencia, esta  masificación en la tenencia de videocámaras está creando un nuevo problema que es la invasión impune y cotidiana de nuestra intimidad (privacidad si queremos usar un término algo más anglicista). Caminas por las calles más turísiticas e históricas de tu ciudad o de alguna otra en la que estés haciendo turismo y te encuentras con personas filmándolo todo, cámara en mano, sin pedir permiso, como si quienes caminamos por allí fuéramos parte del paisaje, como si fuéramos algún recuerdo pintoresco que hay que conservar junto a esa importante universidad centenaria, junto a ese otrora poderoso templo romano. Pero no confundamos los términos. Cuando, por ejemplo, se toma una fotografía a un compañero de viaje y aparecen otras personas involuntariamente, no creo que tenga la mayor importancia. El problema es cuando no hay compañero a quien retratar, cuando el turista ávido de recuerdos comienza a filmar todo el monumento y todo el recinto, capturando a todas las personas que por allí pasan, sin ningún permiso. Eso es una clara invasión de nuestra intimidad. No es accidental sino intencionado y ni se nos ha pedido permiso ni lo hemos consentido.

Los españoles tenemos en general fama de maleducados en muchas cosas. Sin embargo, son muchos los turistas que vienen de países, entre comillas, "más civilizados" que el nuestro quienes roban nuestra imagen e invaden nuestra intimidad. Creo que es necesaria alguna campaña de concienciación mundial.

Y, por supuesto, hay que ayudar a erradicar esa lacra que ha aumentado considerablemente gracias a la tecnología como son los voyeurs de  piscina y de playa.

Por todo ésto, debemos educar, hacer entender a los turistas que no somos objetos, eso es lo primero y fundamental, y que no somos fotografiables ni filmables, a nos ser que así lo queramos nosotros.

Reivindica tu libertad. Reivindica el derecho a tu intimidad y el derecho a tu imagen. La Ley y la Constitución están de tu parte.

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3 comentarios

  1. Charlie said:

    Estoy de acuerdo contigo. Y es que, además, nos protegen las famosas leyes de Protección de datos de Carácter Personal y otras tantas que están inventadas (pero que ya sabemos que no se cumplen y menos aún se conocen).
    Sin embargo, no les hecho la culpa a los “guiris”, puesto que me he visto perseguido hace tiempo, pero con manía de imbéciles, por una gente que por decirles cómo estaban las leyes fueron detrás de mí por haber protestado. Como tú bien dices: ‘ante los idiotas,calma.’ Saludos y estupendo Blog.

  2. miguel said:

    ¿por que no te tapas como las moras?.¿por que no reivendicas una vivienda digan?
    ¿y un trabajo? eres un poco lelo

  3. Carlinux said:

    @miguel, ¿con lo que me divierte cabrear e indignar a palurdos como tú? Gracias por el consejo pero no, prefiero seguir escribiendo ;)